Versículo para hoy

“[Orar con confianza(Lc 11,9-13)] Pidan, y Dios los atenderá; busquen, y encontrarán; llamen, y Dios les abrirá la puerta. Pues todo el que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, Dios le abrirá la puerta.”

Mateo 7:7-8

La Palabra (Hispanoamérica)

LECTURA DEL DIA

La Palabra (Hispanoamérica)
Mateo 14:22-36
Éxodo 4-6

Mateo 14:22-36

Jesús camina sobre el lago (Mc 6,45-52; Jn 6,16-21)

22 A continuación Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca para que llegaran antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedirla, subió al monte para orar a solas. Y todavía seguía allí él solo al llegar la noche.

24 Entre tanto, la barca ya estaba muy lejos de tierra y las olas la azotaban con violencia, pues el viento les era contrario. 25 En las últimas horas de la noche, Jesús se dirigió a ellos andando sobre el lago. 26 Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el lago, se asustaron creyendo que era un fantasma y llenos de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero en seguida Jesús se dirigió a ellos diciendo:

— Tranquilícense, soy yo. No tengan miedo.

28 Pedro contestó:

— Señor, si eres tú, manda que yo vaya hasta ti caminando sobre el agua.

29 Jesús le dijo:

— Ven.

Pedro saltó de la barca y echó a andar sobre el agua para ir hacia Jesús. 30 Pero al sentir la violencia del viento, se asustó y, como vio que comenzaba a hundirse, gritó:

— ¡Señor, sálvame!

31 Jesús, tendiéndole en seguida la mano, lo sujetó y le dijo:

— ¡Qué débil es tu fe! ¿Por qué has dudado?

32 Luego subieron a la barca y el viento cesó. 33 Y los que estaban a bordo se postraron ante Jesús, exclamando:

— ¡Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!

Curaciones en Genesaret (Mc 6,53-56)

34 Cruzaron el lago y tocaron tierra en Genesaret. 35 En cuanto los habitantes del lugar reconocieron a Jesús, divulgaron la noticia por toda la región; así que le trajeron toda clase de enfermos, 36 y le suplicaban que les permitiera tocar aunque sólo fuera el borde de su manto. Y cuantos lo tocaban recuperaban la salud.


Éxodo 4-6

Moisés replicó:

— No me creerán, ni me escucharán; dirán que no se me ha aparecido el Señor.

Entonces el Señor le preguntó:

— ¿Qué tienes en tu mano?

— Una vara, respondió Moisés.

El Señor le ordenó:

— Tírala al suelo.

Así lo hizo Moisés, y la vara se convirtió en una serpiente. Trataba Moisés de huir de ella, pero el Señor le dijo:

— Échale mano y agárrala por la cola.

Moisés alargó la mano y agarró a la serpiente que de nuevo volvió a ser una vara en su puño.

— De este modo —añadió el Señor— creerán que el Señor, el Dios de tus antepasados, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se te ha aparecido.

Y continuó diciendo el Señor:

— Mete tu mano en el pecho.

Así lo hizo Moisés y, cuando la sacó, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve. Entonces el Señor le dijo:

— Ahora vuelve a meter tu mano en el pecho.

Él la volvió a meter y, cuando la sacó, estaba tan sana como el resto del cuerpo.

— Si no te creen ni te hacen caso con el primer prodigio, te creerán con el segundo; pero si no te creen ni te hacen caso con ninguno de estos dos prodigios, toma agua del río, derrámala por el suelo y el agua se convertirá en sangre.

10 Moisés insistió:

— Señor, yo no tengo facilidad de palabra, y esto no me ocurre sólo ahora que estás hablando con tu siervo, sino que me viene de antes; soy poco elocuente y se me traba la lengua.

11 El Señor le respondió:

— ¿Quién le ha dado la boca al ser humano? ¿Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿Acaso no he sido yo, el Señor? 12 Por tanto, vete. Yo estaré en tu boca cuando hables y te indicaré lo que tienes que decir.

13 Moisés volvió a replicar:

— ¡Por favor, Señor, envía a cualquier otro!

14 Se enojó el Señor con Moisés y le dijo:

— ¡Ahí está tu hermano Aarón, el levita! Yo sé que él tiene facilidad de palabra. Además, él viene ya a tu encuentro y se va a alegrar mucho de verte. 15 Tú le indicarás lo que debe decir; yo estaré en la boca de ustedes cuando hablen, y les daré instrucciones acerca de lo que deben hacer. 16 Él hablará al pueblo en tu nombre; será tu portavoz, y tú harás para él las veces de Dios. 17 Lleva contigo esta vara, pues con ella harás prodigios.

Moisés vuelve a Egipto

18 Moisés volvió a casa de su suegro Jetró, y le dijo:

— Déjame ir a Egipto. Tengo que regresar adonde están mis hermanos, para ver si siguen vivos.

Respondió Jetró:

— Vete en paz.

19 Y es que el Señor le había dicho a Moisés en Madián: “Regresa a Egipto porque ya han muerto todos los que querían matarte”.

20 Así que Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los montó en el asno y emprendió el regreso a Egipto. En su mano llevaba la vara de Dios. 21 El Señor le dijo:

— Cuando regreses a Egipto, recuerda todos los prodigios que te he concedido realizar. Hazlos delante del faraón; aunque yo haré que se muestre intransigente y no deje salir a los israelitas.

22 Entonces dirás al faraón:

— Esto es lo que ha dicho el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me rinda culto. Si te niegas a dejarlo salir, yo daré muerte a tu hijo primogénito.

Circuncisión del hijo de Moisés

24 Y sucedió que, mientras iban camino de Egipto, el Señor atacó a Moisés en una posada con intención de matarlo. 25 Entonces Séfora cogió un pedernal afilado, cortó el prepucio a su hijo y, tocando con el prepucio los genitales de Moisés, exclamó:

— Eres mi esposo de sangre.

26 El Señor se alejó de Moisés cuando ella lo llamó “esposo de sangre” por lo de la circuncisión.

Reencuentro de Moisés y Aarón

27 Dijo el Señor a Aarón:

— Vete al desierto a recibir a Moisés.

Aarón fue y, cuando lo encontró en el monte de Dios, lo abrazó. 28 Moisés le contó a Aarón todo lo que el Señor le había dicho al encomendarle la misión, y le refirió también todos los prodigios que le había ordenado hacer. 29 Después, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel, 30 Aarón les relató todo cuanto el Señor había dicho a Moisés, y este realizó los prodigios ante el pueblo. 31 El pueblo creyó, y al saber que el Señor había visitado a los israelitas y se preocupaba por su opresión, se postraron y lo adoraron.

Moisés y Aarón ante el faraón

Después de esto, Moisés y Aarón se fueron a ver al faraón y le dijeron:

— Esto dice el Señor, Dios de Israel: deja salir a mi pueblo para que celebre en mi honor una fiesta en el desierto.

Pero el faraón respondió:

— ¿Quién es el Señor para que yo lo obedezca y deje salir a los israelitas? Ni conozco al Señor, ni dejaré salir a los israelitas.

Replicaron Moisés y Aarón:

— El Dios de los hebreos se nos ha manifestado; permítenos, pues, hacer tres días de camino por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios; de no hacerlo, nos herirá con epidemias y guerras.

Pero el rey de Egipto les dijo:

— Moisés y Aarón, ¿por qué distraen al pueblo de su trabajo? ¡Vuelvan a sus quehaceres!

Y añadió:

— Ahora que el pueblo es numeroso, ¿pretenden que interrumpan sus trabajos?

Aquel mismo día el faraón dio a los capataces del pueblo y a los inspectores de las obras las siguientes instrucciones:

— A partir de ahora no volverán a proveer de paja a los israelitas, como antes hacían, para que fabriquen los adobes; ¡que vayan ellos mismos a buscarla! Pero exíjanles la misma cantidad de adobes que antes. ¡No les perdonen ni un solo adobe! Son unos holgazanes y por eso gritan: “¡Vayamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!”. Hagan más duro su trabajo, para que estén siempre ocupados y no atiendan a patrañas.

10 Los capataces y los inspectores de las obras salieron y dijeron al pueblo:

— El faraón ha ordenado que en adelante no se les proporcione paja. 11 Ustedes mismos irán a buscarla donde puedan sin que por eso se les disminuya en nada la tarea.

12 El pueblo se dispersó por todo el territorio de Egipto en busca de rastrojos para abastecerse de paja. 13 Los capataces los apremiaban diciendo:

— ¡Completen su trabajo de cada día como cuando se les proporcionaba paja!

14 Los capataces egipcios maltrataban a los israelitas encargados de dirigir los trabajos y los recriminaban diciendo:

— ¿Cómo es que ni ayer ni hoy han cubierto el cupo de adobes que se les había asignado?

15 Entonces fueron los encargados israelitas a quejarse al faraón, y le dijeron:

— ¿Por qué tratas así a tus siervos? 16 Se nos exige que hagamos adobes, pero no se nos proporciona paja. Somos nosotros los que recibimos los golpes, cuando el culpable es tu propio pueblo.

17 El faraón les contestó:

— ¡Holgazanes!, ¡no son más que una partida de holgazanes! Por eso andan diciendo: “Vamos a ofrecer sacrificios al Señor”. 18 ¡A trabajar! No se les proporcionará paja, pero deben hacer igual cantidad de adobes que antes.

19 Los encargados israelitas se vieron en un aprieto cuando les dijeron que no se les rebajaría la producción diaria de adobes. 20 Cuando salían del palacio se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando, 21 y les dijeron:

— ¡Que el Señor juzgue y sentencie! Por culpa de ustedes el faraón y su corte nos odian. Han puesto en su mano la espada para que nos maten.

22 Entonces Moisés se quejó al Señor diciendo:

— ¿Por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me has enviado? 23 Desde que fui a hablar en tu nombre al faraón, él está maltratando a tu pueblo y tú no has hecho nada para librarlo.

El Señor respondió a Moisés:

— Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón: una fuerza poderosa lo obligará a dejarlos salir y no tendrá más remedio que echarlos de su país.

Vocación renovada

Dios habló a Moisés y le dijo:

— Yo soy el Señor. Me manifesté a Abrahán, Isaac y Jacob como el Todopoderoso, pero no les revelé mi nombre, el Señor. Establecí mi alianza con ellos para otorgarles la tierra de Canaán, en la que moraron como inmigrantes, y ahora he escuchado el lamento de los israelitas esclavizados en Egipto, acordándome de mi alianza. Por tanto, anuncia a los israelitas: Yo soy el Señor; yo los liberaré de la opresión de los egipcios, los libraré de su esclavitud, los rescataré con gran poder y a ellos los castigaré duramente. Los tomaré para que sean mi pueblo, y yo seré su Dios; así reconocerán que yo soy el Señor su Dios, el que los rescató de la opresión egipcia. Los guiaré a la tierra que juré dar a Abrahán, Isaac y Jacob, la tierra que les daré a ustedes en propiedad. Yo, el Señor.

Con estas palabras habló Moisés a los israelitas, pero no le hicieron caso, pues estaban desalentados a causa de su dura esclavitud. 10 Entonces el Señor dijo a Moisés:

11 — Preséntate al faraón, rey de Egipto, y dile que deje salir de su país a los israelitas.

12 Respondió Moisés al Señor:

— Si ni siquiera los propios israelitas me hacen caso, ¿cómo me va a hacer caso el faraón, con lo torpe de palabra que soy?

13 Pero el Señor habló a Moisés y a Aarón y les dio órdenes para los israelitas y para el faraón, rey de Egipto, con el fin de sacar a los israelitas del país de Egipto.

Genealogía de Moisés y Aarón

14 Estos son los jefes de los clanes patriarcales:

Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Janoc, Falú, Jezrón y Carmí. Estos son los clanes de Rubén.

15 Hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, el hijo de la cananea. Estos son los clanes de Simeón.

16 Leví vivió ciento treinta siete años, y los nombres de sus hijos, por familias, fueron: Guersón, Queat y Merarí. 17 Hijos de Guersón: Libní y Simeí, con sus clanes. 18 Queat vivió ciento treinta y siete años y sus hijos fueron: Amrán, Izhar, Hebrón y Uziel. 19 Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Estos son los clanes de Leví, por familias.

20 Amrán se casó con su tía Joquébed de la que tuvo a Aarón y Moisés. Amrán vivió ciento treinta y siete años.

21 Hijos de Izhar: Coré, Néfeg y Zicrí.

22 Hijos de Uziel: Misael, Elzafán y Sitrí.

23 Aarón se casó con Elisebá, hija de Aminadab, hermana de Naasón, de la que tuvo a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.

24 Hijos de Coré: Asir, Elcaná y Abiasaf. Estos son los clanes coraítas.

25 Eleazar, hijo de Aarón, se casó con una de las hijas de Futiel, la cual dio a luz a Finés. Estos son los jefes de los diversos clanes levitas.

26 A estos clanes pertenecen Aarón y Moisés a los que el Señor dijo:

— Saquen a los israelitas del país de Egipto de manera organizada.

27 También fueron ellos, Moisés y Aarón, los que hablaron con el faraón, rey de Egipto, para que dejara salir a los israelitas de su país.

Aarón profeta de Moisés

28 El día en que el Señor habló a Moisés en Egipto, 29 le dijo:

— Yo soy el Señor. Repite al faraón, rey de Egipto, todo lo que voy a decirte.

30 Pero Moisés replicó al Señor:

— ¿Cómo me va a escuchar el faraón, con lo torpe de palabra que soy?