Versículo para hoy

“Ustedes fueron llamados a formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Dejen que la paz de Cristo gobierne sus corazones, y sean agradecidos.”

Colosenses 3:15

Traducción en lenguaje actual

LECTURA DEL DIA

Traducción en lenguaje actual
Santiago 5
Ezequiel 20-21

Santiago 5

¡Advertencia a los ricos!

Ahora escúchenme ustedes, los ricos: lloren y griten de dolor por todo lo que muy pronto van a sufrir. Sus riquezas se pudrirán, y la polilla les comerá la ropa. El dinero que han estado juntando en estos últimos tiempos se oxidará, y ese óxido será el testigo que los acusará en el juicio final, y que los destruirá como un fuego.

Ustedes no les han pagado el sueldo a sus trabajadores, y el Señor todopoderoso ha oído las protestas de ellos. Ese dinero que no han pagado también los acusará delante de Dios.

Ustedes los ricos han vivido con mucho lujo, y se han dado la gran vida en esta tierra. Han engordado tanto que parecen ganado listo para el matadero. Injustamente han acusado y matado a personas inocentes, que ni siquiera podían defenderse.

Paciencia y valor

7-8 Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera la lluvia, y también espera que la tierra le dé buenas cosechas. No se quejen unos de otros, para que Dios no los castigue, pues él es nuestro juez, y ya pronto viene.

10-11 Sigan el ejemplo de los profetas, que hace mucho tiempo anunciaban el mensaje de Dios. Nosotros los admiramos porque fueron pacientes y soportaron el sufrimiento. Y seguramente se acuerdan de Job, y de cómo soportó con valor los sufrimientos y, al final, Dios lo trató muy bien. Y es que Dios es muy bueno y amoroso con los que sufren.

Otros consejos

12 Sobre todo, queridos hermanos, no juren ni por el cielo ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa. Cumplan más bien con su palabra. Cuando digan «sí», que sea «sí»; y cuando digan «no», que sea «no». ¡No vaya a castigarlos Dios por no cumplir con su palabra!

13 Si alguno de ustedes está triste, póngase a orar. Si está alegre, alabe a Dios con cánticos. 14 Si alguno está enfermo, que llame a los líderes de la iglesia, para que oren por él; entonces ellos le untarán aceite y le pedirán al Señor que lo sane. 15 Si oran con confianza, Dios les responderá y sanará al enfermo, y si ha pecado también lo perdonará.

16 Por eso, confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que Dios los sane. La oración de una persona buena es muy poderosa, porque Dios la escucha. 17 Por ejemplo, el profeta Elías era en todo igual a todos nosotros; pero le pidió a Dios con mucha confianza que no lloviera, ¡y durante tres años y medio no llovió sobre la tierra! 18 Después volvió a orar, ¡y llovió y la tierra dio sus cosechas!

19 Hermanos en Cristo, si alguno de ustedes deja de confiar en la verdad que ha aprendido, y otro le devuelve la confianza, 20 quiero que sepan esto: quien hace que un pecador deje de pecar, salva de la muerte al pecador y logra que Dios le perdone sus muchos pecados.


Ezequiel 20-21

Historia de un pueblo infiel

20 Habían pasado siete años desde que habíamos sido llevados presos a Babilonia. El día diez del mes de Ab de ese año, algunos de los jefes de Israel vinieron a verme para consultar a Dios. En cuanto se sentaron delante de mí, Dios me dijo:

3-4 «Ezequiel, hombre mortal, habla con los jefes de Israel y dales de mi parte el siguiente mensaje: “Ustedes vienen a consultarme, para que les diga lo que deben hacer. Pero les juro que no les diré nada. Yo soy el Dios de Israel, y cumpliré mi palabra”.

»Lo mejor será que tú te encargues de juzgarlos y les hagas ver lo mal que se portaron sus antepasados. Diles de mi parte lo que voy a contarte:

»El día que yo elegí a Israel, le juré seriamente que yo sería el Dios de sus descendientes. Luego me di a conocer a ellos en Egipto, y les repetí mi juramento. Les dije que yo soy su Dios. Ese mismo día les prometí sacarlos de Egipto y llevarlos al país que yo mismo había buscado para ellos, ¡una tierra muy bella y fértil, donde siempre hay abundancia de alimentos! A todos ellos les ordené que tiraran los ídolos odiosos que tanto querían, y que no tuvieran nada que ver con los malolientes ídolos egipcios, porque el Dios de Israel soy yo.

»Pero ellos fueron rebeldes y no me obedecieron. Ninguno de ellos tiró sus odiosos ídolos, ni renunció a los malolientes ídolos egipcios.

»Yo estaba tan enojado que, para desahogarme, quise castigarlos allí en Egipto. Si no lo hice, fue por respeto a mí mismo y para que no hablaran mal de mí los pueblos entre los cuales vivían los israelitas. Y es que yo me di a conocer a los israelitas, y los saqué de Egipto, en presencia de esos pueblos.

10 »Fue entonces cuando los llevé al desierto. 11 Allí les di todos mis mandamientos, que dan vida a quienes los obedecen. 12 También les dije que el día sábado me pertenece, y que en ese día debían adorarme. Así reconocerían que yo soy su Dios. 13 Pero ellos se rebelaron contra mí allá en el desierto; no obedecieron mis mandamientos, que dan vida a quienes los obedecen, ni me adoraron el día sábado.

»Yo estaba tan enojado que, para desahogarme, quise acabar con ellos en el desierto. 14 Si no lo hice, fue por respeto a mí mismo, y para que no hablaran mal de mí los pueblos que me vieron sacarlos de Egipto. 15 También allí, en el desierto, les juré seriamente que no los llevaría a la tierra que les había dado, esa tierra bella y fértil, donde siempre hay abundancia de alimentos. 16 Pero ellos, en vez de obedecer mis mandamientos, los rechazaron; en vez de adorarme el día sábado, siguieron adorando a sus ídolos malolientes.

17 »A pesar de todo, yo les tuve compasión y no los destruí en el desierto; 18 pero a sus hijos les advertí que no siguieran el mal ejemplo de sus padres, ni tuvieran nada que ver con sus ídolos malolientes.

19 »Yo soy el Dios de Israel. Por eso les pedí que obedecieran todos mis mandamientos, 20 y que me adoraran el día sábado, como señal de que me reconocían como su Dios. 21 Sin embargo, ellos fueron rebeldes. No obedecieron mis mandamientos, que dan vida a quienes los obedecen, ni me adoraron el día sábado.

»Yo estaba tan enojado que, para desahogarme, allí en el desierto quise acabar con ellos. 22 Si no lo hice, fue por respeto a mí mismo, y para que no hablaran mal de mí los pueblos que me vieron sacarlos de Egipto. 23 También allí, en el desierto, les juré seriamente que los dispersaría por todas las naciones del mundo, 24 porque ellos no obedecieron mis mandamientos ni me adoraron el día sábado, sino que siguieron adorando a los ídolos malolientes que adoraron sus antepasados.

25 »Llegué al extremo de dejarlos seguir leyes que no eran buenas y mandamientos que no les daban vida. 26 Dejé que presentaran a sus hijos mayores como ofrenda a sus ídolos. Lo hice para luego rechazarlos y ver si así se llenaban de horror y reconocían que yo soy su Dios.

27 »Por todo esto, habla con los israelitas y diles de mi parte lo siguiente: “También los antepasados de ustedes me ofendieron con su infidelidad. 28 Cuando yo les entregué la tierra que había prometido darles, ellos hicieron pequeños templos en lo alto de los cerros y bajo la sombra de los árboles, y allí presentaron toda clase de ofrendas a los dioses falsos. 29 Yo les pregunté: ¿Por qué adoran ídolos en esos pequeños templos en lo alto de los cerros?

30 »Por eso, dales de mi parte el siguiente mensaje a los israelitas:

“Ustedes siguen el mal ejemplo de sus antepasados. Ya no puedo recibir sus cultos con agrado, pues ustedes se han relacionado con esos ídolos odiosos. 31 Ustedes siguen presentando a sus hijos como ofrendas quemadas en honor de sus ídolos malolientes. ¿Y todavía esperan que yo les dé mensajes cuando vienen a consultarme? Pues les juro que no les daré ninguna respuesta. Yo soy el Dios de Israel.

32 ”Ustedes quieren ser como las demás naciones de la tierra, que adoran a ídolos hechos de palo y de piedra, 33-34 pero yo les juro que eso nunca sucederá. Yo soy el Dios de Israel.

”Ustedes, israelitas van a conocer mi enojo y mi gran poder. Yo los reuniré de entre los pueblos y naciones donde ahora están dispersos, y seré su rey. 35-36 Así como en el desierto de Egipto castigué a sus antepasados, así también los castigaré a ustedes. Los llevaré al desierto, lejos de todos los pueblos, y yo mismo los castigaré. Yo soy el Dios de Israel, y cumpliré mi palabra.

37 ”Así como los pastores apartan sus ovejas de las que no son suyas, yo elegiré uno por uno a los que formarán mi pueblo. Haré un pacto con ustedes, 38 y los sacaré del país donde ahora viven como extranjeros. Pero pondré aparte a los rebeldes que no me obedezcan, y ellos no volverán a la tierra de Israel. Entonces ustedes reconocerán que yo soy el Dios de Israel.

39 ”¡Israelitas! Yo soy su Dios. Si no quieren obedecerme, ¡entonces sigan adorando a sus ídolos malolientes! Pero llegará el día en que tendrán que obedecerme y no dejaré que me falten al respeto presentando esas ofrendas a sus ídolos. 40-42 Delante de todas las naciones les mostraré que soy diferente. Yo los sacaré de entre todos los pueblos y naciones donde ahora andan dispersos. Los reuniré de nuevo en Israel, tierra que juré dar a sus antepasados, y me adorarán en mi montaña santa, que es la montaña más alta de Israel. Allí recibiré todas las ofrendas que ustedes quieran presentarme, y ustedes serán para mí tan agradables como el aroma del incienso. Entonces reconocerán que yo soy el Dios de Israel, y que yo cumplo mi palabra.

43-44 ”Israelitas, ustedes han sido malvados y corruptos, pero no los castigaré como se merecen. Voy a tratarlos bien sólo por honor a mí mismo. Y cuando ustedes se acuerden de su mala conducta y de todas las malas acciones por las que los rechacé, sentirán asco de ustedes mismos. Entonces reconocerán que yo soy el Dios de Israel, y que cumplo mi palabra”».

Un mensaje contra el bosque del sur

45 Dios también me dijo:

46-47 «Ezequiel, dirige la mirada hacia el sur, y dale a Jerusalén este mensaje de mi parte:

“Jerusalén, voy a prenderte fuego. Destruiré a todos tus habitantes, y no dejaré a ninguno con vida. El fuego se extenderá de sur a norte, y acabará con todos a su paso. ¡Nadie podrá apagar ese incendio! 48 Todo el mundo se dará cuenta entonces de que el fuego que Dios enciende, nadie puede apagarlo”».

49 Yo me quejé con Dios y le dije: «¡Ay, Dios mío! ¡La gente dice que yo sólo hablo por hablar!»

Dios castiga a Jerusalén

21 Dios también me dijo:

2-4 «Ezequiel, hombre mortal, vuelve la mirada hacia Jerusalén y diles a los israelitas que yo me he declarado enemigo de ellos y del templo. Tomaré la espada y, desde el norte hasta el sur, mataré por igual a justos y a pecadores. Todo el mundo se dará cuenta entonces de que, cuando yo saco la espada, algo terrible va a suceder.

»Pero tú, ve y llora amargamente delante de todos ellos. Déjales ver tu dolor. Y si te preguntan por qué lloras, diles que te da tristeza saber que pronto pasará algo que dejará a todos sin aliento, sin fuerzas y temblando de miedo. Esto sucederá en cualquier momento. Ya no tarda. Les juro que así será».

Dios también me dijo:

«Anuncia de mi parte lo siguiente:

“¡La espada, la espada!
Ya le he sacado filo y brillo.
10 Le saqué filo para matar;
le saqué brillo para deslumbrar.
11 Está afilada y pulida,
lista para que sea puesta
en manos del asesino.
12 ¡Llora de dolor, hombre mortal!
¡Golpéate con rabia el pecho,
porque esta espada matará a mi pueblo!
Todos los jefes de Israel
y todos los israelitas
están condenados a muerte.
13 Les juro que así será”.

14-15 »Pero tú, Ezequiel, da este mensaje de mi parte:

“¡Que hiera la espada!
¡Que mate y vuelva a matar!
¡Que todos tiemblen de miedo!
¡Los tengo acorralados!

”Por todas partes he puesto
la espada asesina.
Pulida está, para deslumbrar;
afilada está, para matar.
16 Se mueve de un lado a otro;
¡su filo hiere por todas partes!

17 ”Dejaré que la espada mate
hasta que se calme mi enojo.
¡Les juro que así será!”»

18 Dios también me dijo:

19-20 «Tú, Ezequiel, dibuja dos caminos, para que el rey de Babilonia pase por ellos con su espada. Los dos caminos saldrán del mismo país. Allí donde comience cada camino pondrás señales que indiquen a dónde llevan. Una de las señales apuntará hacia Rabá, la ciudad de los amonitas, y la otra apuntará hacia Jerusalén, la ciudad amurallada de Judá.

21 »El rey de Babilonia se detendrá allí donde se aparten los dos caminos, y se preguntará qué camino seguir. Usará toda forma de adivinación con la esperanza de saber qué ciudad atacar. 22 Y la respuesta será: “Marcha contra Jerusalén”. El rey dará la orden: “¡Al ataque! ¡Preparen las máquinas y derriben los portones! ¡Hagan rampas para subir a la muralla! ¡Pongan escaleras para entrar en la ciudad! ¡Lancen gritos de guerra! ¡Que empiece la matanza!”

23 »La gente de Jerusalén no va a creer en tus palabras, pues confían en el tratado que hicieron con el rey de Babilonia. Sin embargo, este rey les recordará sus pecados y se los llevará prisioneros. 24 Por eso yo, el Dios de Israel, afirmo:

“No me he olvidado de sus maldades;
sus crímenes todo el mundo los conoce.
Todo lo que ustedes hacen
demuestra que son unos pecadores.
Por eso serán capturados con violencia.

25-26 ”Y tú, rey de Israel,
eres un criminal malvado.
Pero te ha llegado la hora;
¡llegó el día de tu castigo!
¡Quítate de la cabeza el turbante!
¡Entrega ya tu corona,
que todo va a cambiar!
Lo que hoy está arriba,
mañana estará abajo;
lo que hoy está abajo,
mañana estará arriba.
Les juro que así será”.

27 »Voy a destruir esta ciudad, y la dejaré convertida en un montón de escombros. Todo esto pasará cuando llegue el rey de Babilonia. A él le he encargado ejecutar la sentencia.

Dios castigará también a los amonitas

28 »Los amonitas han ofendido a mi pueblo. Pero tú, Ezequiel, les dirás de mi parte:

“¡Ya está lista la espada!
Pulida está, para deslumbrar;
Afilada está, para destruir.
29 ¡Ustedes reciben mensajes falsos!
¡Sus adivinos les dicen mentiras!
Ustedes son unos criminales malvados,
pero les ha llegado la hora.
¡Llegó el día de su castigo,
y les cortarán la cabeza!

Dios castigará a Babilonia

30 ”Y tú, Babilonia,
guarda ya la espada en la funda,
que ahora voy a juzgarte
en tu propio país.
31 Descargaré mi enojo sobre ti
y te destruiré por completo,
como si el fuego te consumiera.
Dejaré que caigas en manos
de gente cruel y sin piedad,
que fue entrenada para destruir.
32 Les prenderán fuego a tus ciudades
y las destruirán por completo;
por todo el país correrá sangre,
y nadie volverá a recordarte.
Te juro que así será”».